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viernes, 3 de abril de 2015

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EL CRISTO COSMICO Y EL CRISTO HISTORICO

— El cristo cósmico y el cristo histórico — Aelohim y Elohim — el INRI — La observación conciente — La bendita madre — Los tres y los siete pasos de la masonería — Los tres traidores — El significado de los doce apóstoles — Los misterios del Lingam Yoni —La piedra filosofal — Los diez Sephirotes — El yo de la sicología —(CLICKEAR EN LAS IMAGENES PARA VER VIDEOS)
Ante todo, es necesario, comprender a fondo lo que es realmente el “Cristo Cósmico”.
rge saber en nombre de la verdad, que Cristo, no es algo meramente histórico; las gentes están acostumbradas a pensar en Cristo, como un personaje histórico que existiera hace mil novecientos setenta y siete años. Tal concepto resulta equivocado, porque el Cristo no es del tiempo, el Cristo es ¡atemporal! El Cristo se desenvuelve de instante en instante, de momento en momento. Cristo en sí mismo, es el Fuego Sagrado, el Fuego Cósmico Universal.
Si nosotros rastrillamos un cerillo, brotará el fuego; los científicos dirán que el fuego es el resultado de la combustión, mas eso es falso, el fuego que brota dentro del cerillo, está contenido en el cerillo, solo que con la frotación liberamos su prisión y aparece. Podríamos decir, que el fuego en sí mismo, no es el resultado de la combustión, más bien, la combustión es el resultado del fuego. Conviene entender mis caros hermanos, que a nosotros lo que más nos interesa, es el fuego del fuego, la llama de la llama, la signatura astral del fuego. La mano que mueve al cerillo para que aparezca la llama, tiene fuego, vida, o sino, no podía moverse; después de que el cerillo se apaga, la llama sigue existiendo en la Cuarta Vertical. Los científicos no saben qué cosa es el fuego. Lo utilizan, pero lo desconocen. Tampoco saben lo que es la electricidad, la utilizan, pero no la conocen. Así mismo queridos hermanos, conviene que ustedes entiendan lo que es el fuego. Antes de que la Aurora de la Creación vibrara intensamente, el fuego hizo mí aparición.

Recuerden mis queridos hermanos, que hay dos unos: El Primer Uno es ¡Aelohim!, El Segundo Uno es ¡Elohim! El Primer Uno es el ¡Inmanifestado!, El ¡Incognoscible!, La divinidad que no se puede pintar, ni simbolizar, ni burilar. El segundo Uno, brota del ¡Primer Uno! y es el Demiurgo Arquitecto del Universo, el Fuego.

Quiero que entiendan, que uno es el fuego que arde en la cocina, o en el altar, y otro es el fuego del espíritu como ¡Aelohim! o como ¡Elohim!. Elohim es pues el Demiurgo, el Ejército de la Voz, la Gran Palabra. Cada uno de los Constructores del Universo es llama viva, fuego vivo; escrito está que Dios es un fuego devorador.

El Fuego es el Cristo, el ¡Cristo Cósmico! Elohim, en sí mismo, ha brotado de Aelohim; Elohim, en sí mismo se desdobla; dura para iniciar la manifestación cósmica, en el Dos, en su esposa, en la Madre Divina, y cuando el Uno se desdobla en Dos, surge el Tres, que es el fuego. Las criaturas del fuego hacen fecundo al Caos, para que surja la vida. Siempre que el Uno se desdobla en Dos, el Tercero aparece, el fuego. El fuego hace fecundas las aguas de la existencia; y entonces el Caos, se convierte en el “Andrógino Divino”.

Así conviene entender, que el Ejército de la Voz, el Ejército de la Palabra, es fuego, y que ese fuego vivo, ese fuego viviente y filosofal que hace fecunda a la materia caótica, es el ¡Cristo Cósmico!, el “Logos”, la Gran Palabra, pero para que el Logos aparezca, para que venga a la manifestación, el Uno, debe desdoblarse en el Dos, es decir: el Padre se desdobla en la Madre, y de la unión de los dos opuestos nace el Tercero, el ¡Fuego! Ese Fuego, es el Logos, el Cristo que hace posible la existencia del Universo en la Aurora de cualesquier creación.

Conviene que entendamos mejor lo que es el Cristo. Que no nos contentemos con recordar la cuestión meramente histórica. Porque el Cristo, es una realidad de instante en instante; de momento en momento; de segundo en segundo; él es el Creador. El fuego tiene el poder de crear los átomos y de desintegrarlos; el poder para manejar las fuerzas cósmicas universales, etc. El fuego tiene poder para unir todos los átomos, y crear universos; como el poder para desintegrar universos. El mundo es una bola de fuego, que se enciende y apaga según leyes.
Así que el Cristo es el fuego; por eso sobre la cruz verán ustedes las cuatro letras: “INRI”, que significa: Ignis Natura Renovatur Integra, que equivale a “El Fuego renueva incesantemente la naturaleza”.

Ahora creo que ustedes van entendiendo por qué a nosotros nos interesa la Signatura Astral del fuego, la llama de la flama, lo oculto, el aspecto esotérico del fuego. Y es que en realidad el fuego es Crístico, tiene poder para transformar todo lo que es, todo lo que ha sido, y todo lo que será. “INRI” es lo que nos interesa, sin “INRI” no es posible que nosotros nos cristifiquemos.
Les decía que el Cristo Intimo, el Cristo Cósmico, tiene que dar tres pasos: De arriba hacia abajo, a través de las Siete Regiones del Universo. También les he dicho, que el Cristo debe dar tres pasos, de abajo hacía arriba. — He ahí el misterio de los tres pasos y de los siete pasos de la Masonería. Es una lástima que los hermanos Masones hayan olvidado esto; en todo caso el Crestos — el Logos — resplandece en el Cenit de la Media Noche Espiritual. Como en el Ocaso o en el Oriente, y cada una de estas tres posiciones, es respetada en las Siete Regiones. El místico que se guía por la estrella de la Media Noche, por el Sol Espiritual, sabe lo que significan esos tres pasos, dentro de las Siete Regiones. Pensamos también en el Sol, en el rayo y en el fuego; he ahí las tres lumbreras, los tres aspectos del Logos, en las Siete Regiones.

Cuando el Uno, se desdobla en el Dos, surge el Tercero, y este es fuego, que crea y vuelve nuevamente a crear. Este Tercero puede crear con el poder de la Palabra, con la Palabra Solar o la Palabra Mágica, o la Palabra del Sol Central, ¡así crea el Logos!
Es por medio del fuego que nosotros podemos cristificarnos; inútilmente habrá nacido el Cristo en Belén, sino nace en nuestro corazón también. Inútilmente habrá sido crucificado y muerto, y resucitado en la Tierra Santa, sino nace, muere y resucita también en nosotros.
Necesitamos encarnar al Crestos Cósmico, al espíritu del fuego, hacerlo carne en nosotros; en tanto que no lo hayamos hecho, estaremos muertos para las cosas del espíritu; porque él es la vida, es el Logos, es la Gran Palabra... ¡Heru Pakroat! Él es Vishnú. La palabra Vishnú viene de una raíz que es “Vish”, que significa: penetrar, él penetra en todo lo que es, ha sido y será. Necesitamos que penetre en nosotros, para que nos transforme radicalmente. Sólo por medio del fuego lograremos nosotros aniquilar al Ego. Quien pretenda aniquilar al Ego únicamente con el intelecto, marcha por el camino del error.

Obviamente, necesitamos auto-conocernos, si es que queremos cristificarnos, y si queremos auto-conocernos para lograr la cristificación, necesitamos auto-observarnos, vernos a sí mismos, sólo por ese camino será posible llegar un día a la desintegración del Ego. El Ego es la suma total de todos nuestros defectos: Ira, Codicia, Lujuria, Envidia, Orgullo, Pereza, Gula, etc., etc., etc. Aunque tuviéramos mil lenguas para hablar y paladar de acero, no alcanzaríamos a enumerar todos nuestros defectos cabalmente.

Decía que necesitamos auto-observarnos, para auto-conocernos por que si nos observamos así mismos, descubriremos nuestros defectos psicológicos, y podremos trabajar sobre ellos. Cuando alguien admite que tiene una sicología, comienza a observarse, esto le convierte de hecho en una criatura diferente.
Quiero que entiendan mis queridos hermanos gnósticos, la necesidad de aprender a observarse a sí mismos, a verse a sí mismos. Pero hay que saberse observar; porque una es la observación mecánica, y otra es la observación consciente.

Alguien que conociera por primera vez nuestras enseñanzas diría: ¿pero qué gano con observarme? ¡Esto es aburrido! He visto que tengo ira, he visto que tengo celos ¿Y qué? ¡Claro está, que así es la observación mecánica! ¡Nosotros necesitamos observar lo observado! repito, ¡necesitamos observar lo observado! Y esto ya es observación consciente de nosotros mismos.
La observación mecánica de sí mismos, no nos conducirá jamás a nada; es absurda, inconsciente, estéril. Necesitamos la auto-observación consciente de sí mismo. Sólo así verdaderamente podremos auto-conocernos, para trabajar sobre nuestros defectos.
Que sentimos ira en un instante dado, vamos a observar lo observado — la escena de ira —, no importa que lo hagamos más tarde, pero vamos a hacerlo, y al observar lo observado, lo que vimos en nosotros, sabremos realmente si fue ira o no fue, porque pudo haberse provocado algún síncope nervioso que tomamos por ira. Que de pronto fuimos invadidos por los celos, pues vamos a observar lo observado; ¿Qué fue lo que observamos? ¡Tal vez que la mujer estaba con otro tipo! ¡Y si es mujer, tal vez vio a su hombre, con otra mujer! y sintió celos. En todo caso muy serenamente y en profunda meditación, observaremos lo observado, para saber realmente, si existió o no existieron los celos. Al observar lo observado, lo haremos por medio de la meditación, y la auto-reflexión evidente del Ser, así la observación se torna consciente. Cuando uno se hace consciente de tal o cual defecto de tipo psicológico, puede trabajarlo con el fuego.

Tendría uno que concentrarse en Stella Maris, Tonantzín, Rea, Cibeles, Marah, etc. Ella es una parte de nuestro Ser pero derivado. Es la serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes; la Cobra Sagrada — fuego ardiente —; ella con sus poderes flamígeros, podrá desintegrar el defecto psicológico, el agregado psíquico que nosotros hallamos auto-observado conscientemente. Y es obvio que a su vez la esencia o fuego embotellado en el agregado psíquico que desintegremos, resplandecerá — será liberado —y a medida que vayamos desintegrando los agregados, los porcentajes de esencia que es fuego Crístico, se multiplicarán; y un día, el fuego resplandecerá dentro de nosotros mismos, aquí y ahora.

Necesitamos que el fuego arda en nosotros, sólo INRI, nombre sagrado puesto sobre la cruz del Mártir del Calvario, puede quebrantar los agregados psíquicos. Aquellos que pretenden desintegrar todos esos agregados, sin tener en cuenta el fuego, marchan por el camino equivocado, y no solamente andan mal, sino que también extravían a los demás. Se dice que el Crestos, nació en la aldea de Belén, hace mil novecientos setenta y siete años, lo cual es ¡falso! porque la aldea de Belén no existía en aquella época. Belén tiene una raíz Caldea: Bel y Bel, es el fuego; la Torre de Fuego de los caldeos.

En nuestro cuerpo, la torre es la cabeza y el cuello, porque el resto del cuerpo es el Templo. Quien ha logrado elevar el fuego sobre sí mismo; quien lo pueda levantar hasta la cabeza, hasta el cerebro, hasta el tope; de hecho podrá convertirse en el cuerpo del “Crestos” — el fuego —, el espíritu del fuego.

Y es, el espíritu original, primigenio, quien podrá cristificarnos totalmente. Es el fuego, “Fohat”, ardiendo dentro de nosotros mismos, quien nos transformará totalmente; una vez que el fuego arda dentro de nosotros, seremos cambiados totalmente, seremos convertidos en criaturas plenamente diferentes, seremos convertidos en seres distintos, y entonces gozaremos de la iluminación plena y de los poderes cósmicos. Así que entendido esto mis queridos hermanos debernos trabajar con el fuego.
Al que sabe, la palabra da poder, nadie la pronunció, nadie la pronunciara... sino, solamente aquel, que lo tiene encarnado.

El Cristo — el espíritu del fuego — no es un personaje meramente histórico, es el Ejército de la palabra, es una fuerza que está más allá de la personalidad, del Ego y de la individualidad. Es una fuerza, como la electricidad, como el magnetismo, un poder, un gran agente cósmico y universal. Es la fuerza eléctrica que puede originar nuevas manifestaciones. Ese fuego cósmico, entra en el hombre que esta debidamente preparado; en el hombre que tenga la Torre esa de Belén ardiendo.
Cuando el Cristo encarna en un hombre éste se transforma radicalmente. Es el Niño Dios que debe nacer en cada criatura. Así como él nació en el Universo hace millones de años, para organizar totalmente este sistema solar, así también debe nacer en cada uno de nosotros. Él nace en el establo de Belén, es decir: entre los animales del deseo, entre los agregados psicológicos que necesita quebrantar: porque sólo el fuego puede quebrantar tales agregados; así el fuego aparece donde están esos agregados para destruirlos, para volverlos polvareda cósmica, y liberar el alma, la esencia. ¿Cómo podrá él libertar el alma, si no penetra profundamente en el organismo humano? 
En el Oriente, Cristo es Vishnú, y repito: La raíz Vish, significa, penetrar; el fuego, Cristo, el Logos, puede penetrar profundamente en el organismo humano, para quemar las escorias que tenemos dentro: pero necesitamos amar al fuego, rendirle culto a la llama.

Ha llegado la hora de entender que sólo el “Fohat’, puede transformarnos radicalmente. Cristo dentro de nosotros opera quebrantando las raíces del mal, “INRI” quebrantando los agregados psíquicos es formidable, los reduce a cenizas. Pero necesitamos trabajar con el fuego.
Por eso en nuestros trabajos de concentración debemos invocar a la Serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes porque sólo con el fuego podremos quebrantar todos los elementos psíquicos indeseables que en nuestro interior cargamos. El frío lunar, nunca podrá quebrantar los agregados psíquicos, necesitamos de los poderes flamígeros del Logos. Necesitamos del “INRI” para transformarnos.

Mis caros hermanos, entiendan lo que es la Semana Santa: y la Semana Santa tiene siete días.
En los tiempos antiguos todo se regía por el calendario solar: Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter y Saturno.
Los días eran: Lunes, Miércoles, Viernes, Domingo, Martes, Jueves y Sábado. Desgraciadamente ese calendario fue alterado por las gentes fanáticas medioevales.
La Semana Santa es profundamente significativa. Recuerden los siete y los tres pasos de la Masonería. El Cristo debe arder primero que todo, en nuestro cuerpo humano. Más tarde la llama debe depositarse en el fondo del alma. Y por último, en el fondo del espíritu. Estos tres pasos a través de las Siete Esferas, son profundamente significativos. Obviamente estos tres pasos, básicos, fundamentales, se hallan contenidos en las Siete Esferas del mundo y del Universo.
Incuestionablemente la Semana Santa tiene raíces esotéricas muy hondas, porque el iniciado debe trabajar sobre las fuerzas lunares, y sobre las fuerzas de Mercurio, y con las fuerzas de Venus y del Sol, y de Marte, de Júpiter y de Saturno. El Logos, se desenvuelve en Siete Regiones y de acuerdo con los siete planetas del sistema solar.

La llama debe aparecer en el cuerpo físico, debe avanzar en el cuerpo vital, debe proseguir su camino por la senda astral, debe continuar su viaje por el mundo de la mente, debe llegar a la esfera de Venus en el mundo causal, debe continuar o proseguir su viaje por el mundo Búdhico o intuicional, y por último, en el séptimo día, habrá llegado al mundo de Atman, al mundo del espíritu; entonces el Maestro recibirá el Bautismo del Fuego, que lo transformará radicalmente.
Obviamente todo el Drama Cósmico, tal como está escrito en los cuatro Evangelios, deberá ser vivido dentro de nosotros mismos, aquí y ahora. Eso no es algo meramente histórico, es algo para vivir ¡aquí y ahora!

Los tres traidores que crucificaron al Cristo, que lo llevan a la muerte, están dentro de nosotros mismos; los Masones los conocen, los Gnósticos también los conocemos: Judas, Pilatos y Caifás. Judas es el demonio del deseo, que nos atormenta. Pilatos es el demonio de la mente, que para todo tiene disculpas. Caifás, es el demonio de la mala voluntad, quien prostituye el altar.
Esos son los tres traidores que entregan al Cristo por treinta monedas de plata. Las treinta monedas representan todos los vicios y pasiones de la humanidad... cambian al Cristo por las botellas en la cantina, cambian al Cristo por el prostíbulo, o por el lecho de procusto, cambian al Cristo por el dinero, por las riquezas, por la vida sensual, lo venden por treinta monedas de plata.

Hermanos, recuerden que multitudes de personas, piden la crucifixión del Señor; todas esas multitudes gritan ¡Crucifixia! ¡Crucifixia! No son las de hace mil novecientos setenta y siete años ¡no! Esas gentes que piden la crucifixión del Señor están dentro de nosotros mismo. Repito ¡aquí y ahora! Son los agregados psíquicos inhumanos que en nuestro interior cargamos, son todos esos elementos psíquicos indeseables que llevamos dentro, los demonios rojos de “Seth”, viva personificación de todos nuestros defectos de tipo psicológico. Son ellos los que gritan: ¡Crucifixia! ¡Crucifixia! Y el Señor es entregado a la muerte: ¿Quiénes le azotan?, No son acaso todas las multitudes que llevamos en nuestro interior ¿Quiénes le escupen? No son todos esos agregados psíquicos que personifican nuestros defectos ¿Quiénes ponen sobre él la corona de espinas? No son acaso todos esos engendros del infierno que nosotros hemos creado.

El acontecimiento de la historia Crística no es de ayer, es de ahora, es presente; no meramente un pasado, como creen los ignorantes ilustrados. Pero aquellos que comprendan, trabajarán para la cristificación.

El Señor es elevado al Calvario y sobre las cumbres majestuosas del Calvario dirá: “El que en mi cree nunca andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de La vida, yo soy el pan de la vida, yo soy el pan vivo, el que come mi carne y bebe mi sangre, tendrá la vida eterna, y yo le resucitaré en el día postrero. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mi mora y yo en él. El Señor no guarda rencores para nadie... ¡Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu! Pronunciada esta gran palabra, no se escucharán sino rayos y truenos en medio de grandes cataclismos interiores. Cumplida esta labor del espíritu en el cuerpo, será depositado el Cristo o el “Krestos”, el Chistrus, Vishnú, el que penetra, en su sepulcro místico.

Y yo les digo en nombre de la Verdad y de la Justicia, que al tercer día, después de esto, después del tercer acto, será levantado, resucitado en el Iniciado para transformar a éste en una criatura perfecta. Quien lo logre se convertirá de hecho en un Dios, terriblemente divino, más allá del bien y del mal.
Así el Cristo, el Señor Nuestro, el Espíritu del Fuego, desciende; quiere entrar en cada uno de nosotros para transformarnos, para salvarnos, para quebrantar a esos agregados psíquicos que en nuestro interior llevamos, para hacer de nosotros algo distinto, para convertirnos en Dioses.
Tenemos que aprender a ver el Cristo, no desde el punto de vista meramente histórico, sino como el fuego, como una realidad presente, como “INRI”.

Tenía se dice, doce Apóstoles; esos doce Apóstoles están dentro de nosotros mismos, aquí y ahora. Son las doce partes fundamentales de nuestro propio Ser; las doce Potestades dentro de cada uno de ustedes, en su propio Ser Interior profundo... Hay un Pedro, que se entiende con los Misterios del Sexo. Hay un Juan, que representa el Verbo, a la Gran Palabra ¡Heru Pa Kro At! Hay también un Tomás, que nos enseña a manejar la mente. Hay un Pablo, que nos muestra el camino de la Sabiduría, de la filosofía, de la Gnosis.

Dentro de nosotros mismos está también Judas; no aquel Judas que entrega al Cristo por treinta monedas de plata ¡no! Un Judas diferente, un Judas que entiende a fondo la cuestión del Ego. Un Judas cuyo Evangelio nos lleva a la disolución del mí mismo, del si mismo.
Hay un Felipe que es capaz de enseñarnos a viajar fuera del cuerpo físico, a través del espacio. Hay un Andrés, que nos indica con precisión meridiana lo que son los tres factores de la Revolución de la Conciencia: Nacer, es decir, como se fabrican los cuerpos existenciales superiores del Ser. Morir, cómo se desintegran los factores particulares que se relacionan con nosotros, específicamente y con cada uno de nos. Sacrificarse por la humanidad, la cruz de San Andrés; indicando la mezcla del Azufre y el Mercurio tan indispensable para la creación de los cuerpos existenciales superiores del Ser, mediante el cumplimiento del deber “Parlok”, es profundamente significativo.
Mateo, científico cuan ninguno, existe en nosotros, nos enseña la ciencia pura, desconocida para los científicos que solo conocen todo ese podridero de teorías universitarias, que hoy están de moda y mañana pasan a la historia... ¡Ciencia pura, es completamente diferente! Sólo Mateo puede instruirnos en ella.

Lucas, con su Evangelio Solar, es profeta, y nos indica lo que ha de ser la vida en la Edad de Oro.
Cada uno de los Doce, está dentro de nosotros mismos, porque nuestro Ser tiene doce partes fundamentales, los Doce Apóstoles, aquí y ahora. Así quienes quieran llegar a ser magos en el sentido trascendental de la palabra, tienen que aprender a relacionarse consigo mismo, con cada una de las doce partes del Ser; y esto sólo es posible quemando con el “INRI” los agregados psicológicos que en nuestro interior cargamos. En tanto el Ego exista en nosotros, las correctas relaciones con todas y cada una de las partes de nuestro Ser, resultará imposible.

Pero si nosotros incineramos el Ego, entonces si podremos establecer correctas relaciones consigo mismo, y con cada uno de los Doce, que en nuestro interior existen.
Así que quítense de la cabeza la idea de los Doce Apóstoles históricos... ¡Búsquenlos dentro de sí mismos, ahí están! Todo está dentro de nosotros mismos, aquí y ahora.
Ha llegado la hora de un Cristianismo más esotérico, más puro, más real. Ha llegado la hora de salir de la cuestión meramente histórica y pasar a la realidad de los hechos.
La Cruz misma del Calvario, es hondamente significativa. Bien sabemos nosotros que el “Phalus” vertical, dentro del “Ecteis” formal, hacen cruz. En otras palabras enfatizaremos diciendo: “El Lingam-Yoni, correctamente conectado forma cruz.

Es con esa cruz que nosotros necesitamos avanzar por el sendero que ha de conducirnos hasta el Gólgota del Padre; les invito a todos a entrar en el camino de la cristificación.
No olviden ustedes que cada vez el Señor de Compasión viene al mundo, es odiado por tres clases de hombres: Primero, por los Ancianos, las gentes llenas de experiencia que dicen ¡ese hombre está loco, vean lo que trae, no oigan lo que está diciendo, no está de acuerdo con nosotros, con lo que pensamos, tenemos experiencia, este hombre perjudica, daña! Segundo, es rechazado por los Escribas, es decir por los intelectuales de la época. Cada vez que el Señor de Gloria ha venido al mundo, los intelectuales han estado en contra de él, ¡lo odian mortalmente!, porque no encaja dentro de sus teorías, significa un peligro para su sistema, para sus sofismas, etc.

Tercero, por los Sacerdotes, porque todos ellos ven en él un peligro, para su respectiva secta.
Así que en nombre de la Verdad les digo, que el Cristo es ¡tremendamente revolucionario! ¡Rebelde! Es el fuego que viene a quemar todas las podredumbres que cargamos dentro. Es el fuego que viene a reducir a cenizas, nuestros prejuicios, nuestros preconceptos, nuestros intereses creados, nuestras abominaciones, y hasta nuestras experiencias de tipo personal.
¿Creen ustedes acaso, que el Cristo podría ser aceptado por tantos millones de seres humanos que pueblan el mundo? ¡Se equivocan! Cada vez que él viene al mundo, se levantan las multitudes contra él, es la cruda realidad de los hechos.

De Semana Santa estoy hablando; digo en nombre de la Verdad y de la Justicia que sólo el “Fohat” ardiendo dentro de nosotros, podrá salvarnos.
Ninguna teoría, ningún sistema podrá llevarnos a la liberación; quiénes pretendan quebrantar el Ego a base de puras teorías, con el frío intelecto ¡son seres meramente reaccionarios! ¡conservadores! ¡retardatarios! y marchan por el camino de la gran equivocación.
Esta Babilonia que llevamos dentro, esta ciudad psicológica que en nuestro interior cargamos, donde viven los demonios de la ira, de la codicia, de la lujuria, de la envidia, del orgullo, de la pereza, de la gula, etc., etc., debe ser destruida con el fuego.

Necesitamos levantar ahora dentro de sí mismos a la Jerusalém Celestial. Recuerden que los cimientos de la Jerusalém Celestial son doce.
Y que en cada uno de ellos, está escrito el nombre de algún Apóstol, los nombres de los Doce Apóstoles están en los doce cimientos. Esa Jerusalém debemos edificarla dentro de nosotros mismos. Mas solamente será posible algún día, en que con el fuego destruyamos a la Babilonia la Grande. La Madre de todas las fornicaciones y abominaciones de la Tierra; la ciudad psicológica que en nuestro interior cargamos. Cuando lo logremos, edificaremos a la Jerusalén Celestial, aquí y ahora, dentro de sí mismos.

Repito, la base de esa Jerusalém Celestial son los Doce Apóstoles. No me estoy refiriendo a los que vivieron hace mil novecientos setenta y siete años, que son meramente simbólicos, ¡No! Estoy hablando de los Doce Apóstoles que existen dentro de nosotros mismos. Las doce Partes del Ser auto- concientes, e independientes, ellos son el fundamento de la Jerusalén que nosotros debemos edificar dentro de sí mismos,

La ciudad de Jerusalén tiene doce puertas y en cada una de las doce puertas, hay un ángel; que representa a cada uno de los Doce, dentro de nosotros mismos, Y las doce puertas son: Doce Perlas Preciosas, son Doce Puertas de Libertad, Doce Puertas de Luz y de Esplendor. Doce Poderes Cósmicos. Y la ciudad toda es oro puro. Sus calles y sus avenidas y sus plazas. El oro del espíritu que nosotros debemos fabricar en la forja de los Cíclopes.

No tiene la ciudad necesidad de lumbrera externa, o sol externo, o luna externa; porque el Señor es su lumbrera, es el fuego; y él arderá dentro de nosotros mismos.
El muro de la gran ciudad tiene: ciento cuarenta y cuatro — 144 — codos, si sumamos aquellas cifras entre sí: Uno, más cuatro, más cuatro, tendremos: Nueve — 9 — la Novena Esfera el Sexo, porque solo mediante la transmutación de la energía creadora, podrá arder el fuego en nosotros.
El tamaño de la ciudad es de doce mil — 12.000 — estadios y nos recuerda a los doce trabajos de Hércules, necesarios para lograr la completa realización íntima del Ser. Y nos recuerda a los Doce Aeones, nos recuerda los Doce Apóstoles.

Y en el centro de la ciudad está: El Árbol de la Vida, los Diez Sephirotes de la ¡Cábala Hebraica: Kether, Chomah y Binah, con la corona Sephirotica: Chesed, Geburah, Tiphereth, Netsah, Hod, Jesod y Malchut, las Siete Regiones del Universo. El Árbol de la Vida alegoriza a todas las Doce Grandes Regiones Cósmicas, ¡Dichoso el que llegue al Aeón Trece! Donde debe estar siempre Pistis Sophia. Dentro de la Jerusalén Celestial hallaremos también, a los Veinticuatro Ancianos, quien prosternados en Tierra depositan sus coronas a los pies del Cordero; ese Cordero inmolado es el fuego que arde en este Universo, desde la Aurora de la Creación desde el amanecer de este Universo. Los Veinticuatro Ancianos son también veinticuatro partes de nuestro propio Ser; y el Cordero mismo, es el Ser de nuestro Ser.

Dichoso quien pueda alimentarse con los frutos del Árbol de la Vida ¡Porque ese será inmortal!, Dichoso aquel que puede alimentarse con cada uno de esos frutos. Aquel que pueda en verdad nutrirse con esa corriente de vida, que viene desde el Aeón Trece, hasta el cuerpo humano, porque jamás conocerá enfermedades, y se hará inmortal.
Pero para poder uno nutrirse con el Árbol de la Vida, necesitará antes que todo, haber eliminado los agregados Psíquicos; recuerden ustedes que los agregados Psíquicos viva personificación de nuestros errores, alteran al cuerpo vital, y éste alterado, daña al cuerpo físico; así surgen las enfermedades en nosotros.


¿Quién es el que produce las úlceras, no es acaso la ira?

¿Quién produce el cáncer, no es acaso la lujuria?

¿Quién produce la parálisis, no es acaso la vida materialista, grosera, egoísta y fatal?

Las enfermedades son producidas por los agregados psíquicos o demonios rojos de Seth, viva personificación de nuestros errores. Cuando todos los demonios rojos de Seth hayan sido aniquilados con el fuego, cuando nuestra mismísima personalidad haya sido quemada, entonces nos nutriremos con el Árbol de la Vida. La Vida descendiendo desde el Absoluto a través de los Trece Aeones, penetrará en nuestro cuerno y nos hará inmortal, la salud será recobrada, jamás se volverá a tener enfermedades.

De nada sirven los científicos con todas sus ciencias para curar, si ellos curan el paciente se vuelve a enfermar. Es claro que el Ego mete el veneno de sus morbosidades y podredumbres, dentro de los órganos y los destruye ¡he aquí el origen de todas las enfermedades! Las gentes quieren una panacea para curarse, pero en tanto tengan el Ego vivo, vivirán enfermos.
Ha llegado la hora de entender que necesitamos quemar a la Babilonia, dentro de sí mismos, y edificar a la Jerusalén.

La Jerusalén Celestial vista desde lejos, es como una piedra de jaspe transparente, como el cristal, es la Piedra Filosofal, ¡dichoso el que consiga la Piedra Filosofal, porque se transformará radicalmente y tendrá poderes sobre el fuego, sobre el aire, sobre las aguas y sobre la tierra!
Necesitamos un Cristianismo puro, esotérico; un Cristianismo vivo, no un Cristianismo muerto. Un Cristianismo Gnóstico, que pueda transformarnos radicalmente.

SAMAEL AUN WEOR.